Siempre debe ser el capitán

Escuchaba el domingo tras anterior la narración del partido San Carlos- Herediano a los comentaristas del canal, sorprendidos por ver a un jugador tan joven como José Miguel Cubero portando la banda de capitán del “Team florense”. Al oír los comentarios de los panelistas del juego, hablé con unos amigos y nos preguntamos: ¿Qué hace de un jugador el “capitán ideal”?

Durante esta transmisión, varios de las ideas iban en torno a que figuras de más edad y trayectoria eran “óptimas” para llevar la cinta de capitán por delante del novel volante rojiamarillo. Sin embargo, “peloteando” con mis amigos, pensábamos que si en Heredia había alguien digno de ser el capitán, ese podía ser Cubero.

Nuestro punto se basa en la identidad con el Club.

Durante la temporada pasada del fútbol español, el capitán del FCBarcelona, Charles Puyol, estuvo lesionado en muchos tramos de la competición ibérica. Pese a no poder jugar, el futbolista acompañó a sus compañeros a los partidos fuera de España y en los juegos en casa, siempre estaba en el palco del Camp Nou. Antepuso al equipo a su vida personal.

Por su parte, a la llegada de David Beckham al futbol de la MLS, como parte del movimiento mediatico tras la firma del inglés por parte del Galaxy, una idea para reforzar su “nombre” sobre el terreno de juego, fue darle la capitanía del equipo. Sin embargo, la afición se volcó en contra de los directivos del equipo, ya que, el capitán era Landon Donovan, ídolo de la afición y un símbolo del Galaxy años, antes de que llegara el británico con su maquinaria de “marketing”.

Terminando nuestra plática mientras acababa el juego en San Carlos, recordamos que Carlos Tévez fue capitán del Manchester City con solo pocas semanas de estar en el equipo. Ahora, en el equipo de los “Citizens” no lo quieren ver ni en pintura. ¿Y por qué le dieron la banda de capitán? ¿Otro caso de mercadeo? ¿O acaso era parte del contrato?

Con estos ejemplos quiero demostrar que a la afición no le interesa cuantas camisetas ha vestido su capitán en el pasado, ni tampoco cuantos años tenga en el futbol, ni así tampoco un nombre acompañado por páginas y páginas de prensa. La afición clama por un capitán que sufra con las derrotas del equipo, que se alegre en la victoria y que trabaje con coraje cuando las cosas se ponen cuesta arriba.

Por más profesionalismo que un jugador tenga, si no es “de la casa” probablemente no sienta como la fanaticada lo hace. Un capitán debe serlo siempre. Dentro y fuera de la cancha. Un capitán tiene que ser el líder del equipo, y de las jóvenes promesas en las fuerzas básicas de la institución. Debe ser el ejemplo a seguir para los que empiezan en ligas menores y la unión entre la grada y los once hombres en la cancha.

Estar ahí para el equipo debe ser primordial para ese hombre elegido para portar el estandarte del equipo. Una persona que lo único que lo liga al equipo es un salario, no debería recibir tal distinción.

José Miguel Cubero, aunque algunos se pregunten por qué, es un jugador digno de la casta Herediana. Tanto en la cancha como fuera de ella, derrocha el alma rojiamarilla que conecta al equipo que capitanea hoy, con las glorias del pasado que llevaron en su brazo la pasión de ser Herediano.